Traumatología – Cirugía Ortopédica – Unidad de columna

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Si alguna vez te has preguntado cómo afecta el calor al dolor crónico, lo primero que debes saber es que no afecta igual a todos los pacientes. Algunas personas notan más rigidez o inflamación en verano, mientras que otras encuentran alivio con temperaturas cálidas. Por eso, más que hablar de una regla general, conviene entender qué factores pueden influir en la percepción del dolor. 

En pacientes con dolor lumbar, dolor cervical, artrosis, dolor neuropático o dolor generalizado, las altas temperaturas pueden modificar el descanso, la hidratación, la actividad física y la tolerancia al esfuerzo. Todo ello puede repercutir en los síntomas. 

Deshidratación y mayor sensación de fatiga 

Durante los días de calor, el cuerpo pierde más líquidos por el sudor. Si no se reponen adecuadamente, puede aparecer deshidratación, cansancio, calambres o sensación de debilidad.  

En pacientes con dolor crónico, esta fatiga puede hacer que se tolere peor el dolor o que se reduzca la actividad física, favoreciendo más rigidez. 

Peor descanso nocturno 

El calor también puede dificultar el sueño. Dormir mal aumenta la sensibilidad al dolor y reduce la capacidad de recuperación. En pacientes con dolor de espalda o dolor crónico varias noches de mal descanso pueden hacer que los síntomas se perciban con más intensidad. 

Cambios en la actividad física 

En verano es habitual moverse menos durante las horas centrales del día o, por el contrario, realizar esfuerzos poco habituales durante vacaciones, viajes o actividades al aire libre. Ambos extremos pueden afectar al dolor crónico. 

La falta de movimiento puede aumentar la rigidez muscular y articular, mientras que un exceso de actividad sin preparación puede provocar sobrecargas. 

Medicación y sensibilidad al calor 

Algunos pacientes con dolor crónico toman medicación de forma continuada. Determinados fármacos pueden alterar la tolerancia al calor, la sudoración, la hidratación o la regulación de la temperatura corporal.  

Nunca debe modificarse una medicación por cuenta propia, pero sí conviene consultar si aparecen mareos, debilidad intensa, confusión, calambres frecuentes o empeoramiento importante durante los días de calor. 

¿El calor siempre empeora el dolor? 

No necesariamente. En algunas personas, el calor local puede relajar la musculatura y aliviar la rigidez, sobre todo en molestias crónicas sin inflamación aguda. De hecho, el calor puede utilizarse en intervalos controlados para relajar músculos y mejorar molestias, mientras que el frío suele ser más útil cuando hay inflamación reciente.  

Para entender cómo afecta el calor al dolor crónico hay que entender que el calor ambiental extremo no debe confundirse con la aplicación controlada de calor terapéutico. Una cosa es usar calor local de forma limitada y otra exponerse durante horas a altas temperaturas. 

Cómo afecta el calor al dolor crónico: cuándo acudir a una Unidad del Dolor 

Se recomienda consultar cuando el dolor crónico empeora en verano, limita el descanso, reduce la movilidad o se acompaña de hormigueo, pérdida de fuerza, dolor irradiado o dificultad para realizar actividades habituales. 

En Clínica Doctor Escámez, la Unidad del Dolor permite valorar el origen del dolor y tratarlo de forma multidisciplinar junto con la Unidad de Columna, Traumatología o Unidad del Dolor, según las características de cada caso. Puedes pedir cita aquí.